DEL EGOÍSMO Y LA MATERNIDAD…además, yo no tengo instinto maternal ninguno. Lo busco por aquí dentro pero de verdad que no lo encuentro. Nunca ha estado, lo sé. De pequeña prefería los muñecos peludos a los de bebes de otras niñas…

La batalla más difícil es la que tengo todos los días conmigo misma
DEL EGOÍSMO Y LA MATERNIDAD
Si siempre estoy para vosotros...es algo que debes tener en cuenta….es una garantía de por vida de tintes matemáticos, viene de serie cuando adquieres una Sophia como ser querido/queriente en tu colección de seres queridos y querientes...



Feliz día de mi día con lo único que no es mentira
Me dijiste que nadie más entraría en tu alcoba, me mentiste.
El teléfono de él sonaba insistente, tardó en poder llegar a cogerlo, pero no había parado en ningún momento. Cuando contestó se lo pasó a ella:
Todo se derrumba y es tan fácil
Debes pensar que soy una tonta
Mi presente de indicativo
Sensible, soñadora, idealista e idólatra
Puede pasar que la soñadora se deje llevar por el irresistible.Idolatrará al ególatra.
O si no pasa esto, sino se encanta,
Si no quiere más y no se enamora,
No reconocerá en el espejo a la idealista quien cree que es.
Y cuál es su forma de ver la vida.
¿Es demasiado peligroso?
Si se deja llevar,
Si se encanta y le gusta
¿Querrá más? ¿Se enamorará?
¿Sufrirá si basta lo habido o
la relación extramuros que pueda generarse?
Y si no pasa esto,
Si no se encanta por ti,
Si no quiere más y no se enamora
¿No reconocerá a quien ha creído ser
Ni cual su forma de ver la vida?
Los consejos los dicta la experiencia
Ojalá nos los pudiéramos dar antes de obtenerla
Puede que temas que si te esfumas sin haber dejado asegurado un anclaje más, cuando vuelvas hayas perdido las fijaciones que estás colocando en esta escalada.
Resulta encantador ser la cima que conquistar
Prométeme que rozarás con suavidad cada uno de los milímetros de las millas que conforman toda la piel de mi cuerpo.
Las palabras que te dije.
¿A qué juego estamos jugando? Me has preguntado nada más alojar tu posadera en el banquito de madera. ¿A qué juego estamos jugando? Te he preguntado al despedirme de ti y rozar mis labios morrocotudos con los tuyos pequeños pero lindos. No lo sé, y créeme me desconcierta, y pocas cosas lo hacen. Revisaré las normas de varios de ellos a ver qué detecto, pero procuraré ser prudente, no sea que hundas mi flota, jaquees a mi rey o te comas una y cuentes veinte.
Estaba cargada de ira.
Pero hubo algo desconcertante. Cómo la tomé otra vez. Creo que me traspaso su ira, no estoy seguro. Pero la mía encubierta, siempre mi hermetismo, ese que a veces me priva de sentir las cosas que siento hasta a mi mismo . Cuando me contó su tentación superada en medio del desierto. Cuando no cedió al demonio. Porque sus ojos me dijeron, con una sonrisa oculta y cargada de viva chispa que lo hizo no sin pasarlo mal, lo que quiere decir que realmente le tentó y tuvo que luchar consigo misma. Sus ojos, su cara, su transparencia sensitiva. Para mi hablaron. Cierto, se controló, lo dejó atras pero se dejó rozar por el demonio. No me sabe mentir, la mordió, probó su carnosa y suculenta boca. Perra. No, no es que no lo pudiste evitar, es que no lo quisiste evitar. Claro que le gustaba mucho tu boca, le volvió loco como me vuelve a mi. Si, golfa, te reconociste irónica pero suplicantemente. Encima la desfachatez de hablarle al demonio de la mala conciencia ¿y la tuya? ¡Si yo soy tu ángel caido! Le engañaste, te pusiste un velo de inocencia y pudor que se creyó, lo que seguramente despertó aún más sus ganas de ganarte con su tentación. Y para colmo le hablaste de Dios! Para luego darte la vuelta y no aceptar las llaves de su infierno, que puso en tus manos.
Dices no pudiste. Digo no quisiste. ¿No pudiste? No, no pudiste ¿por qué? Porque te dio miedo quedarte sin argumentos para ti misma, porque tú quieres creer no ser así. Sí reina, tú eres muy buena, sí. Por lo buena que eres me avalancé, yo como el demonio que no tienta, sino que toma. Y mientras te atrapaba entre mis brazos te pregunté, a la par que yo te mordía sí para devorarte entera, y apretaba tu cuerpo para mi sí desnudo contra el mío con delicada fuerza: ¿Que haces conmigo entonces? Y te mordí arrancandote el aliento. Y oirte susurrarme que conmigo todo es diferente. Y morderme tú con dulzura. Y rugirte que me utilizas para darte placer. Y defenderte con que soy yo quien te busca. No, yo sólo quería hablar contigo, pero me alteraste, y esta vez tú me buscaste. Me utilizas, lo sé. Por eso te agarré del pelo sin hacerte daño, para sentirte mía. Y tú te dejaste ¿de quien eres realmente?. Y tampoco pudiste, como no, dejar escapar la oportunidad de que tu hálito, al que yo estaba cazando, me recordara que no sólo es eso, y que ya lo sé. Pero si así fuera yo a ti también. Y al mirarte a los ojos ver ese deseo de oirme callar ya y hacer lo que más te gusta que te haga. Y enloquecí y no pude decir que no. No quise.