Así debéis hacer vosotros:

Manteneos locos,
pero comportaos como personas normales.
Corred el riesgo de ser diferentes,
pero aprended a hacerlo sin llamar la atención.

Así debieramos hacer todos...

22 febrero 2007

MI PESADILLA


Recuerdo la primera vez que cerré los ojos y lo soñé:
Una ciudad sucia y oscura, y no poder parar de correr.
Estoy corriendo desesperadamente ¿Por qué? Me persigue y me va a atrapar si no corro todo lo que estos mis torpes pies saben correr, pueden correr.
¿Quién es? No puedo mirar atrás, si miro pierdo ese segundo de ventaja que poseo y me atrapa ¿Pero quién? El monstruo más terrible, temible, aterrador, espantoso e insaciable que jamás hubiera podido imaginar. ¿Cómo lo sabes? Lo sé, lo sé, lo sé, le siento, siento su febril aliento en mi nuca, excitado ante la idea de atraparme y hacerme suya ¿Quiere devorarme? Mejor no saberlo.
Tiemblo sin cesar. ¡No pienses tanto estúpida Sophia, mientras piensas él cobra ventaja y tú pierdes terreno! Tú sólo corre Sophia, corre, huye, sálvate Sophia.
Atraviesa la enorme avenida llena de basura y papeles. Corre Sophia, va tras de ti. No hay nadie. Nadie hay, sólo tú, sólo él.
Sudo sin parar. Gira ese callejón angosto, ¡No veo, no veo, está todo muy oscuro! No tropieces con esa alcantarilla desencajada. Vuela Sophia. No hay nadie. No, nadie hay, sólo él, sólo tú. El pelo hecho girones, sudado, enredado, sobre una sucia cara.
¿Que hay tras ese callejón? Otra enorme avenida, tanto más mugrienta y abandonada que la anterior ¿Dónde están todos? ¿Por qué nadie me ayuda? ¿Los ha devorado a todos? ¿Soy yo la única? No, nadie, él y tú. Acelera Sophia, acelera, dale cuerda a esos pies que parece que por primera vez en tu vida resisten tal carrera. Su alo repugnante, hediondo se percibe en todas partes, lo está inundando todo, te inunda a ti, necesitas aire, más aire.
Otro callejón, franquea la avenida. Adéntrate en él, tal vez seas capaz de despistarle. ¡Cielos Sophia, que ven tus ojos!, ¡no hay salida! Sólo una alta verja. ¿Y tras ella? Acaba la ciudad. ¿Y él? Acaba de irrumpir en la maldita calleja. Trepa, escala, sube por ella. Te sangran las yemas de los dedos y pierdes los zapatos en el intento. Pero rebasas el enrejado. Campo ¡que error! Es todo más confuso aún, tan escarpado. ¿Qué se escucha caer? Es la reja a sus pies. Sigue ahí y su voracidad exhala la rabia y la emoción de cazarte. Apresúrate Sophia. Nadie, nadie más. Pero soy tan torpe que mis pies desnudos tropiezan. Has caído al suelo de bruces. Esto debe ser la tierra en mi boca, entre mis dientes. Ya eres suya ¿Puedo mirarle, ver como es, saber que es? Giro la cabeza para verle, pero en ese momento me invade una oscuridad infinita, abrumadora que me absorbe.
Gritar al despertar, en mi cama, en casa, sudada.
Sólo fue una terrible pesadilla que nunca podré olvidar.


Y pasaron días y noches, hasta que de nuevo una noche:
La misma ciudad sucia y oscura, y no poder parar de correr.
Desesperadamente, me persigue y me va a atrapar ¡Qué torpes estos pies! ¿Quién es? No mirar atrás, mi segundo de ventaja. Monstruo terrible, temible, aterrador, espantoso, insaciable e inimaginable. Febril aliento en mi nuca, excitado. Quiere devorarme.
Tiemblo. No pienses. Tú sólo corre Sophia, corre, huye, sálvate Sophia.
Basura y papeles, enorme avenida. Tras de ti. No hay nadie. Nadie.
Sudo. Un callejón angosto, ¡No veo! Una alcantarilla desencajada. Vuela. Nadie hay, sólo él, sólo tú. ¡Cómo molesta este pelo!
Otra enorme avenida, mugrienta y abandonada ¿Y todos? ¡Ayuda! ¿Devorados? ¿Sola? Acelera, cuerda a los pies. Alo repugnante, hediondo por todas partes, lo está inundando todo, me inunda a ti, necesito aire, más aire.
Otro callejón, ¡adentro! ¡No hay salida! Alta verja. ¿Y tras ella? Acaba la ciudad. ¿Y él? Acaba de irrumpir. Trepo, escalo, subo. Sangran las yemas, pierdo los zapatos. La rebasas. Campo, confusión, escarpado. Cae la reja. Voracidad, rabia y emoción. Apresúrate Sophia. Nadie, nadie más. ¡Torpe! Tropiezo, caída de bruces, tierra en mi boca, entre dientes. Soy suya ¿Mirarle, verle, saberle? Giro la cabeza, pero comienza la invasión de una oscuridad infinita, abrumadora. Me absorbe.
Volver a gritar al despertar, sudada.
Sólo era la misma terrible pesadilla que no había podido olvidar.

Y vuelven a pasar días y noches, y una noche cualquiera lo vuelves a soñar. Y pasan semanas y meses, y algunas noches, cualesquiera, lo vuelves a soñar.

Una noche comienza de nuevo. Una más.
Otra vez la ciudad sucia y oscura, y no, no voy a poder parar de correr. Es igual Sophia, no corras, te caerás, te atrapará y despertarás.
Corro desesperadamente por que vuelve a perseguirme y me va a atrapar. Me va a atrapar corra o no corra. Es igual Sophia, no corras, te caerás, te atrapará y despertarás.
Ya sabes quien es, nadie, nada, todo, algo, el que siempre te atrapa.
Da igual si miro atrás, aunque no pierda ese segundo de ventaja que poseo, me caeré, me atrapará y despertaré. Sí, el terrible, temible, aterrador, espantoso e insaciable monstruo que ya has imaginado tantas otras noches. Lo sé, le siento, siento ese febril aliento que he creado en mi nuca, excitado ¿Quiere devorarme? Sí, invadirme es lo que quiere.
Ya no tiemblo, pero sigo corriendo. Sé que no voy a parar de hacerlo hasta que caiga, me atrape y me despierte. Pero hoy me permito el lujo de pensar, porque lo haga o no lo haga nunca cobra ventaja mientras pienso, nunca pierdo terreno.
Ahora llega la enorme y sucia avenida. Y mis pies no paran de correr porque va tras de mi, y estamos solos.
Sudo. Giro el callejón, No veo, pero da igual porque sé que está la alcantarilla desencajada, sé que la rebaso y sé que salgo a una nueva avenida. Vuelo. Seguimos estando solos, como lo estaremos siempre. El pelo hecho girones, sudado, enredado, sobre una sucia cara.
Y sé que tras ese callejón está la otra enorme avenida, mugrienta y abandonada Nadie me va a ayudar, puede que hayan sido devorados todos, yo soy la única. Acelero, aunque sólo sea por no sentir aún su alo repugnante y hediondo que todo lo inunda, aunque sólo sea para respirar. Correr para respirar aunque luego me vaya a caer, me vaya a atrapar y me vaya a despertar.
Penetrar el otro callejón aunque no le vaya a conseguir despistar. La salida es la verja donde acaba la ciudad. Y él acaba de irrumpir. Trepo, escalo, subo por ella. ¿Me sangran las yemas de los dedos? ¿He perdido ya los zapatos? El campo escarpado ya no parece tan confuso, conozco sus desniveles, sus agujeros. Ahora caerá la reja. Su voracidad, su rabia y su emoción de cazarme, porque también conoce el sueño y sabe que ya lo va a lograr. Me río, a carcajadas. S…sí…sí ya me vas a cazar, mis torpes pies desnudos ya van a tropezar…ya está ya caigo al suelo de bruces. Intenso sabor a tierra en la boca, entre los dientes. No puedo parar de reír, sí arrójate ya sobre mí, que ya soy tuya. No hace falta mirarte, ver como eres, ya sé quien eres: oscuridad infinita, que me abrumas y me absorbes, hazme ya despertar!


Ya no grito al despertar, estoy como siempre en mi cama, en mi casa, y mi sudor es de pura emoción.
Sólo ha sido mi terrible pesadilla que aún hoy no he logrado olvidar.
Y al día siguiente me levanto contenta, feliz. Ya puedo coger mi mochila y que mamá me lleve al colegio. Ya no volveré a soñarle nunca más, porque ya no le tengo miedo.
Aunque en el fondo algo me diga que es una lástima. He sabido llegar a quererle y disfrutar de que me atrape.
Todo aquel que luche contra monstruos, ha de procurar de que al hacerlo no se convierta en otro monstruo.

13 febrero 2007

NO IMPORTA SI EMPIEZA O ACABA

-¿Estás aquí?-te pregunta
-No, todavía no, ahora vuelvo- Sollozas ¿Dónde estás? Lloriqueando de placer, demasiado lejos todavía. Resistes unos segundos más en ese lugar que visitas cada vez que él te visita a ti.


Se acerca, te sonríe, te derrite, como siempre que se encuentra demasiado cerca de ti. Ahora puedes ver sus ojos, esta mañana no podías, tras sus gafas de sol.
-Te las arrancaría de cuajo- pensaste -No me deja ver esos ojos enormes de un color increíble, que cuando me miran me desnudan entera, por fuera, por dentro.-
No puedes parar de gemir, ¿Dónde vas? ¿Dónde estás? Donde siempre te lleva el placer, a algún otro lugar. Pero aún intentas que permanezca un residuo de tu conciencia, para sentirle a él, y seguir ofreciéndole placer y no marchar del todo hasta que notes que él se va. Y gime, y grita y se desespera. Ya no estás, ya no estáis. ¿Dónde estáis? Demasiado lejos ya.
Se acerca más. Su sonrisa ahora es implacable y te besa con esos labios pequeños pero carnosos que te encanta saborear y mordisquear, y te estremece el recordar que van a rozar todos los rincones de tu piel.
-No, no..apenas voy a poder aguantar- se lamenta. Pero ya está dentro de ti, ya se ha postrado encima de ti, y ya ha comenzado su vaivén, tu estremecimiento interno que le aprieta para sentirlo aún más clavado en ti. Ahora no le vas a dejar escapar. -No importa- Le consuelas entrecortadamente con dulzura- Luego repetimos- Se escapa tu risa, el placer es demasiado grande para pensar en volver a sentirlo, y sabes que va a ser así, por eso tu risa no se apaga dentro de ti. Ya no podéis parar, ya nada os detiene, tú no le vas a dejar escapar, él ya no puede hacerlo, está atrapado.
¿Verme más de veinte minutos hoy te ha puesto?- Le musitas. Te sonríe, la malicia morbosa impregna su faz. Descarada, golfa, perdida. ¿Desde cuando te has convertido en esto? No! Pregunta mal formulada, siempre lo has sido, pero ahora no sientes vergüenza en decir lo que piensas.
Y se incorpora, y acerca su rostro al tuyo, turbado ya tanto placer. Y te acaricia y sonríe con su sonrisa de goce, y se deleita revelándote al oído lo increíblemente húmeda que estás. Ha dado un paso en falso, le abrazas, le besas sin parar esa boca que sólo sabe a ti . No puedes parar, no puede parar. Y poco a poco le envuelves la cintura con tus piernas, con cuidado y le acercas. Bajas con una suave caricia tus piernas un poco más, y le ensalzas. Te ciñes a él y le empujas livianamente, pero sin tregua, hacia a ti, mientras posas una mano en sus nalgas para acompañar el movimiento.
Qué frías están sus manos, pero no te importa, te está abrazando bajo la ropa a la vez que apoya su cabeza sobre tu hombro, sobre tu pecho. Las calienta, mientras te acaricia la espalda, la barriga, caricias, dulces caricias. Tu estremecimiento.
No aguantas más, necesitas que irrumpa dentro de ti ya, porque sabes que ahí no sólo rozas, ahí te quedas y cada vez más te cuesta volver. Pero no quiere: -Aún no he acabado, aún no, aún no- No puede ser que te diga eso, de tu boca emana un si y su eco, y al instante se desprende un no y su replica. Y escuchas su murmullo:-No sabes cuanto me gusta, no lo sabes, no te lo puedes ni imaginar- y mascullas con una sensualidad involuntaria – no más, no más que a mi, no podría creerte- Y separa tu mano de él, y la posa con cuidado sobre tu pecho. Accedes, te dejas, te ha vencido.
Hoy no hay espera, hoy sois implacables. Es definitivo, veros más de veinte minutos ha sido insoportable, os ha quemado las ganas, os ha revuelto las entrañas. Os besáis, abrazados. Comienza tu danza, te contoneas, te rozas con él, te restriegas. Ya ha crecido, nada más verte.
Y ya sientes como introduce sus dedos y juega a su juego, de hacerte peder hasta que te siente volátil, etérea, ligera, y torturada. ¿Cuánto tiempo? El tiempo ha ganado su relatividad en este momento. ¿Cuántas veces te consigue hacer rozar el lugar a dónde te vas? ¿Tres, cuatro? Mientras no parar de acariciar su miembro, arriba, abajo, lo aprietas, lo sueltas. Jugar con cada rincón de su sexo sin parar, tan diferente al tuyo , pero también con sus secretos, y sus rincones.
Te sientas a horcajadas sobre él. Vestida aún. Le desnudas el torso, hay suficiente luz, quieres verle, mirarle, tocarle y lamerle, y le ves, le miras y le lames. Tu pecho ha caído desnudo sin piedad. Y lo besa, lo muerde, gimotea, lo acaricia con la lengua, ríe. Y te desprendes de toda tu ropa, molesta. Y te tumba y te abrumas. Te retuerces cuando lo ves arrodillarse entre tus piernas.
Te muerde los muslos, te abre las piernas y empieza a rugir al verte. Tu cabeza empieza a rodar. Ya no puedes mantener los ojos abiertos, ya has notado el contacto de su lengua en tus labios, ya en el clítoris.
Te observa y se exclama: -Y es todo para mí, todo para mí-
En un susurro no puedes musitarle nada más que la verdad: -Si todo, todo. Es todo tuyo-


TODO....TUYO

11 febrero 2007

VEINTE MINUTOS PARA RECORDAR LO OLVIDADO

Veinte minutos. A veces veinte minutos pueden saber a diferentes cosas. A veces pueden resultar un breve espacio de tiempo, otras una insoportable eternidad. En este momento son un suspiro de dulce sosiego. La imperiosa necesidad de la liberación que la soledad ofrece a los corazones atormentados. Y éste, ¿por qué se atormenta? Porque está dividido, entre lo que quieres y tienes y lo que deseas y amas sin ser tuyo. Respira el silencio, saboréalo, escúchalo y déjate tocar por él. Sabes que sólo son veinte minutos, pero serán suficientes.
Busca la excusa a tu pequeña huida, tu coartada. Papeles, algo trivial, algo superficial. Abre ese cajón, puedes encontrarla allí. No la encuentras. Puede que en otro la halles. Papeles, lo que buscabas, cuantos papeles guardas sin importancia alguna. Pero debajo de todos ellos encuentras algo ¿tu pretexto?
De repente entiendes lo que tienes entre las manos te das cuenta de que necesitas que parte de esos veinte minutos revisen esos recuerdos ahora olvidados. Estaban allí para que volvieran a ser encomendados a tu memoria.
Son tus propias palabras, escritas en un pasado no tan lejano.
¿De qué hablaste en ese momento?
De amor, de tesoros, de lo más grande que nunca hubieras conocido, de las piezas de un puzzle llamado amor, del querer a alguien por él mismo y por lo que te hacía sentir: tú misma, de tu autenticidad en aquel momento, de lo que no pudiste esconder, de lo que no pudiste callar, de las grandes sonrisas, del encanto, de los espejismos, de sueños, de las necesidades satisfechas, de la incerteza del corazón ajeno, de la felicidad de uno al lado de otro, del agradecimiento, de las cosas especiales, de los pensamientos leídos, del miedo. De palabras que ni añadían ni quitaban, que no cambiaban lo que sentías, lo que veías, porque eran los hechos y no aquellas palabras las que construían.
Tus lágrimas compiten por ser las primeras en atravesar tus pómulos y ser saboreadas por tus labios.
¿De que estás hablando ahora?
De las palabras de hoy que ni añaden ni quitan, que no cambian lo que sientes, lo que ves, porque son los hechos y no las palabras los que construyen. Palabras como miedo, pensamientos leídos, cosas especiales, agradecimiento, la felicidad de uno al lado de otro, incerteza del corazón ajeno, necesidades satisfechas, sueños, espejismos, encanto, grandes sonrisas, de que no puedes callar, no puedes esconder, autenticidad de este momento, de sentirte tú misma, de querer a alguien por él mismo, de piezas de un puzzle llamado amor, de lo más grande que nunca has conocido, tesoros, amor.
Mientras saboreas la amargura, ves caer al suelo tu coartada hecha añicos. En veinte minutos has recordado lo que tal vez nunca fue olvidado porque nunca quiso ser pensando. Nunca recordado.
QUE SIEMPRE HAS SIDO TÚ.
¿Qué siente ahora tu corazón sabedor de la verdad?
(...)
(...)
(...)
(...)
(...)




01 febrero 2007

ANIVERSARIO

Qué pretendes niña de piel al decirle a un amigo que conoces desde hace diez años que vuestro problema no es que no os entendáis, es que os entendéis demasiado....



Aquella Noche Vieja fue extraña, pero divertida. Como de costumbre se quedó sola, alguien ya le acercaría a casa. Conversaron ¿sobre que? No era importante recordarlo, había sido grato, como siempre, conversaciones plagadas de tiras y aflojas de una atracción caramelizada por el cariño de una larga amistad. Su sonrisa sí era importante, y sus pequeños ojos verdes clavados en los suyos, oscuros, enormes y caninos. Y su estoque y su enorme porte, entre lo sencillo y rudo, y lo sugerente de ese cuerpo escultural de mármol de Carrara. La fiesta se acabó, y la pareja de amigos de confianza debían hacerse cargo de devolverle a casa de una pieza. Con el frío de la madrugada golpeando en sus mejillas comenzaron a despedirse unos de los otros en el aparcamiento.
-Ven con nosotros, ya te acerco luego yo a casa- Pero sus ojos decían mucho, mucho más.
Los de ella no querían escuchar tanto, no en ese momento, y se hicieron los sordos.
Acabaron las despedidas, un hasta luego, un adiós, un hasta la semana que viene, un hasta no sé cuando.
-Quédate. Te acercamos nosotros- Sus ojos ya no decían, ahora clamaban. Los de ella respondieron con una sonrisa, una sonrisa de cariño y una de conciencia que insinúa el saber que no puede ser, que no debe ser.
Subía en el ascensor, mirando la cara del Año Nuevo que se avecinaba, cuando el zumbido de un sms agitó uno de sus bolsillos:
-Tú y yo no nos entendemos- No nos entendemos, no nos entendemos, no nos entendemos, no nos entendemos...¿Cómo se atrevía a decir que no se entendían? Sabía perfectamente que su problema no era que no se entendieran, era que se entendían demasiado. Y esta idea retumbó en sus sienes aquella noche durmiendo al lado de otro, siguió retumbando al día siguiente, retumbando la semana después, la siguiente, y una más.
Tuvo que pasar un mes, un mes de calendario solar. Era ya definitivo el hundimiento de su propio Titanic, el iceberg hacia demasiado tiempo que había golpeado sin piedad la cubierta de una relación tan maltrecha, era ya imposible salir a flote, ni recuperar nada de valor. La noche les volvió a encontrar. Una noche tal como hoy, de hace cuatro años. Estaban bailando y le propuso invitarla a un chupito. Bajaron entre el gentío hacia la barra. Abrirse paso era una auténtica odisea. Agarró con firmeza aquella fornida mano, para no perderle. Qué absurdo, era enorme, era imposible no visualizarle. Y fue allí, en una barra de una discoteca a la espera de que les sirvieran, donde le miró a los ojos y con un desparpajo inusitado en ella le mostró la realidad:
-Nuestro problema no es que no nos entendamos, es que nos entendemos demasiado -
-Qué quieres decir con ello, creo no entenderte -
-Pues está bastante claro, somos dos amigos que se atraen. Yo sé que a ti te atraigo, y tu a mi también-
Sus ojos eran pequeños, pero se abrieron como nunca antes los había visto. Pero de inmediato se suavizaron, una ternura infinita los invadió. Agachó su cabeza y sus enormes labios besaron los de ella, como nunca los había podido besar antes. Eran unos labios calidos, suaves y carnosos. Pero ella se aparté. No podía ser. Él lo sabía, ella lo sabía. Brindaron y se tomaron el chupito que había abierto la Caja de Pandora. Fue entonces cuando los sensuales labios de ella buscaron los de él, para depositar un beso pequeño, pero de algodón. La noche continuó como si aquello no hubiera sucedido nunca para nadie, pero sí para ellos dos. Se despidieron, se besaron como hacen dos amigos, pero su grave voz depositó un susurro en su oído:
-Te espero después, donde quieras, donde me digas -
-No, no puede ser así -

Era suyo, más de lo que nunca hubiera sospechado. Ella no lo sabía, pero para él por fin el amor de su vida había llamado a su puerta.

30 enero 2007

ADICTA

Adicta, soy adicta. Una drogodependiente en todas sus facetas.
Primero caigo sin voluntad, la tentación, LA DOSIS, la deshinibición de mi mente, el despertar de mis sentidos, ese entumecimiento que me desliza hacia un semisueño tanto más intenso como mayor sea el grado de ebriedad, sensación de bienestar, placidez, imaginación exaltada y euforia, acompañado de un aumento de mi temperatura y sonrojo de mi piel, resequedad de mi boca, de mis labios, sensación de pesadez en mis extremidades. Despego, vuelo, abandono este mundo, directa al limbo del placer absoluto que me entregas.
Las primeras sensaciones, la EUFORIA INICIAL. Flotando entre dos mundos, ese desinterés, esa autosuficiencia ante las cosas habituales. Oh abrumador sentimiento de relajación! Cuanta calidez, cuanto desapego. ¿Dónde ha quedado tanta ansiedad? Bendita calma lúcida no enturbiada por el sopor. Envenenada flor abierta al contacto con otros y a la vez sumida en tan basta introspección. Que intensidad la de tu efecto apaciguador que liquida todas mis preocupaciones y temores. Se ha corrido un visillo entre mi realidad y mi ficción.
Las secuelas, el crudo después, la caída a la realidad, a mi realidad de tu carencia. El SÍNDROME DE ABSTINENCIA, que gran paradoja, que contrariedad, ¿y mi energía vital? Ha dejado de fluir! Mis células, todo mi cuerpo se ahoga en una pila de hueso, ¿Dónde está el rumbo? Impotencia, ira, rabia, cólera, fiereza, brusquedad, indignación, rencor, enfurecimiento, despecho de deseo. Terrible turbación. Me magullo, me flajelo, me lesiono hasta sangrar. Hasta que pierdo el aliento, me agoto y todo se convierte en un dulce y cálido pesar.
Y de vuelta a la sensatez, cruda pero innegable. LETARGO, a ti me someto, a tu apatía, a tu sensación de que no importa nada, a tanta amarga aceptación. Momento para perdonar, a mi misma, a todo lo que nos rodea. Y de pronto emerge el instante de aceptar la experiencia obsequiada, el sentido de mi evolución. Un auténtico interrogatorio a mano armada, y siempre la misma pregunta ¿Qué me aporta si tanto me hace sufrir? ¿Cuando obtendré mi respuesta? ¿Cuándo recorreré el camino de esa mi evolución? Y es en ese momento, por muy duro que todo haya podido ser, en el que aflora ese intenso e inmenso amor, un gran respeto por lo que ha desencadenado en mí, por ese aliento regalado a mis pies para que me impulsen mucho más lejos en mi camino.
Y entonces, cuando recupero la conformidad y la armonía desconsoladora y acre, mi terrible afán por controlarlo todo. vuelve la SED en ti, en mi dosis, sed de mi. Me llamas, me aplacas, me susurras, retumbas, gritas desde el escondite que habías escogido para dejarme, abandonada, sufrir.
¿Qué hacer, volver? VOLVER, siempre volver. ¿Cómo luchar? No tengo remedio, ni voluntad, ni constancia, ni tesón. Sabes que si vuelves me encontrarás, bailando de puntillas sobre esta roca. Me volverás loca. Viajaremos en ese caballo alado hacia rincones inexplicables, desiertos, salvajes, a encontrar caminos de fuego por los que volvería a caminar por toda la eternidad. Y pierdo de nuevo el miedo a soñar que me pierdo por mil caminos o que no volveré nunca más.


Mi adicción, la droga más dura que jamás me ha podido seducir.

29 enero 2007

DOLOR

Él no podía ni imaginar lo que dolía, cuan ignorantes somos a veces de los avernos de cada uno. Siempre que le escuchaba hablar los quehaceres de su hogar, de su vida, de sus momentos de ocio, de su familia, siempre sin excepción notaba un pequeño pinzamiento que le abatía en algún lugar recondito del pecho. Eran esos momentos que sabía nunca tendría la más remota posibilidad de vivir a su lado, aunque cada fibra de su persona lo deseara con locura. ¿Por qué lo deseaba tanto? No lo sabía, que no se lo preguntara nunca él, hacía tiempo que había dejado de preguntárselo a sí misma, porque ella tampoco encontraba respuestas lógicas. Los deseos son traicioneros y los provocados por el amor más aún, y contra él y contra ellos estaba intentando luchar de continuo, él no se podría jamás ni imaginar de que manera. Era un gran monstruo que se había adueñado de su persona, que le llenaba enormemente, pero también la devoraba implacablemente.
Pero lo peor de todo era escucharle hablar de sus esquemas, sus malditos esquemas, lo diferente de sus maneras de pensar y de actuar, y de vivir. Le desmontaba por dentro, desolación. El pinzamiento se convertía en un puño fuerte y poderoso que agarraba su corazón y lo estrujaba sin piedad alguna, cruelmente. Y sentía salir sus ojos de las órbitas que les habían sido otorgadas, porque sentían la necesidad de llorar y no podía, no quería que le viera llorando, prefería estar sola para hacerlo. Llorar por no ser lo suficientemente buena para estar con él. Todo resultaba tremendamente desconsolador, y más cuando se sentía capaz de cambiarlo todo por alguien seguramente no tan bueno y noble como lo que ella ya poseía, pero lo haría sin dudar. Y no le quedaba más que la angustia y de nuevo las ganas de contenidas de romper a llorar porque él decía quererla, pero porque nunca sería la adecuada, la conveniente para desear compartir una vida con ella, como lo hacia con otra, que aunque ciega, sorda y traicionada, si lo era.
¿Cómo no quererla? Era maravilloso compartir esos instantes escogidos, sus conversaciones, esa conexión sexual tan abrumadora que poseían. Se preguntaba constantemente como no podía parecerle maravilloso aquel escenario, como no podía disfrutarlo como hacia él. No, no podía. Simplemente se moría de una manera lenta y dolorosa porque se perdería por él, porque sin saber los motivos que le habían llevado a ello le amaba, le quería, le adoraba y sería capaz de hacer cualquier cosa por él.

Cualquier cosa hasta dejar de verte
porque no me veas morir de no tenerte.

25 enero 2007

SACIADA VORACIDAD

Me monto sobre ti, vestida aún, esperando que desabroches los botones de mi vestido, ese vestido que te encanta, ese vestido que me he puesto para que tú lo separes de mi piel.
Tus labios...me embrujan, me abruman, me excitan...arrancan gruñidos dentro de mi que desconocía, que no había oído nunca, al compás de los que se escapan de tus entrañas.
Lamerte así, regalarle a mi lengua tu cuello, tu lóbulo, tu hombro que desnudo con el ímpetu de la necesidad, de la necesidad de ti, de sentirte desnudo una vez más y oler tu cuerpo, probar ese sabor que ya conozco y que no me hastía, ese olor que me acompaña todos los días, todas las noches, en todos mis sueños.
Mi corazón se acelera, palpita como si fuera a estallar dentro de este mi pecho, que se ha encogido de tanta emoción. Y es que tus enormes ojos azules ya se han rasgado, como los he visto rasgarse cada vez que nos hemos encontrado, y mirándome a través de ellos me hipnotizas, desaparece Sophia y asoma ese animal hambriento de ti que exhala pasión y placer por cada poro de su piel.
Mi vestido cae, se pierde, como se pierden mis braguitas y mi sujetador. Desaparecen tus pantalones en la oscuridad del momento.
No puedo, no puedo esperar, deja que me siente a horcajadas sobre ti, que me llenes de nuevo por completo una vez más, aunque mis labios aún no estén húmedos, lo estarán, porque todo está dentro, reservado para ti, esperándote.
Y bailamos, un baile desesperado, a un compás exasperado, mientras el influjo de un susurro regalado por tu voz en mi oído me seduce y me enloquece al mascullar las ganas que tenías de volver a tenerme así.
Me suplicas que me detenga, no quieres que acabe ya, y sabes que no vas a poder impedirlo si continuo. Pero no puedo, no puedes, el deseo nos invade. Me detienes, con dulzura, y sin abandonar mi prieto refugio me tumbas, debajo de ti.
Me abandonas, te rujo, me lamento. Pero entonces te arrodillas, me haces sentir como una reina, como tu soberana y me dejo reverenciar. Tu boca roza mi sexo y comienzas a jugar con tu lengua con tus dedos, a ese juego en el que sabes que acabo sometiéndome y en el que me pierdo, porque parece que hayas conocido toda la vida sus reglas, sus rincones, sus trucos. Me río y te preguntas el porque, porque cuando algo me embriaga no puedo evitar no morderme los labios y reír. Pero pronto me desvanezco, me encojo, me estiro, sollozo desde lo más profundo de mi abismo, tiemblo como un pedacito de fino pápiro que parece va a quebrarse en tus manos.
Ahora soy yo quien suplica que te detengas, quiero volver a sentirte en mi, atraparte dentro imaginado que nunca más puedas escapar. Pero continúas, me torturas un poco más. Disfrutas siendo mi sicario de martirios de placer.
Por fin vuelves a invadirme. Y me quemas, y me pierdo sin retorno, me elevo, me extasío y no puedo parar de temblar y gemir, al son de los gemidos que comienzan a escapar de ti, esos gemidos que acrecientan los míos y que me acercan más a esa cúspide maravillosa de la que algún día quisiera no volver jamás, y que se ahogan cuando siento tu calor sembrándose dentro de mi y tu clamor entrecortado de gozo.
Y cuando entorno mi cabeza me estás atravesando con tus impíos ojos, y me besas y te beso, caricias de mutuo asentimiento del deleite ofrecido, de la embriaguez recibida.


Hoy estaba famélica de ti, y de nuevo has saciado mi voracidad.

24 enero 2007

DEJAR DE PENSAR

¿Cuándo has dejado de pensar en lo que estás haciendo?
Cuando se lo planteó ya era demasiado tarde. Hacía tiempo que había dejado de hacerlo.
Tal vez aquel día en que intentó negarle tres veces antes de que el gallo cantara. Aquel NO la vació, llegó a sentirse tan podrida y carente por dentro, cuando debería haberse sentido tan fuerte y satisfecha, que se dió cuenta de que negarle a él era negarse a si misma. Y no podía volver a negarse a si misma una vez más, lo había hecho demasiadas veces durante demasiado tiempo. Quisiera haber preguntado porque. ¿Por qué está pasando esto? Hasta hace, ya no sabía cuanto, pero relativamente poco, creía que era feliz, que tenía cuanto necesitaba. Ahora ya no lo creía.
Aquella tarde había sido feliz. Feliz otra vez ¿desde cuando no se sentía feliz?. Ahora sólo hallaba la felicidad las mañanas en que al levantarse sabía que le iba a ver. Feliz cuando compartía un momento a su lado y se miraban, cuando él la miraba y cielos cuando le sonreía. Su sonrisa era la sonrisa de ella. Cuando aparecía un mensaje suyo en su pantalla, vuelta a iluminarse, a palpitar.
-Esto tengo que empezar a controlarlo más - Se repetía incesantemente
Podía estar poniendo en peligro muchas cosas.
El resto de las horas de sus días no se sentía desgraciada, simplemente se habían convertido en un letargo de pura letanía y desidia ante lo que la rodeaba.

¿Cuándo dejaste de pensar en lo que estabas haciendo?

23 enero 2007

ssUEÑOss

Sólo ha sido un sueño
un sueño que nunca se hará realidad.
El lugar perfecto
la persona perfecta
con la gente perfecta
con el hombre perfecto.
Decidida a vivir mis últimos días en el paraíso como si fuera el último sueño capaz de hacer realidad.


You love like your hands on the horn, baby


22 enero 2007

SÓLO HAY UNA

Mamá ¿tu crees que es normal que te encuentres a alguien en tu vida que te haga pensar que si este hubiera sido otro momento en la vida de alguno de los dos te gustaría compartirlo con él?
No te entiendo, que quieres decir ¿que si con él estuvieras en otro momento serías completamente feliz y ahora no?
No mamá no, al revés. Que se cruce alguien en tu camino y te des cuenta de que pudiera ser la persona de tu vida si no fuera porque ambos lleváis diferentes andares. Y no creas que he hecho nada raro, ni que esté pensando en hacerlo!.
Es normal, pero antes de desmontar lo que tienes por algo nuevo, piénsalo muy bien.
No hay nada que desmontar, simplemente no puede ser.
Pues si no puede ser, no hay nada de malo en soñar.
Pero, ¿Por qué la vida tiene que ser así?

El problema es que miras lo que tienes ahora como si no fuera auténtico. Todo deja de ser auténtico Sophia. Con quien sea, cuando sea, deja de serlo. No idealices las cosas, porque dejan de ser ideales.
Pero mamá, yo soy una idealista, siempre lo he sido, lo sabes.
Lo sé hija lo sé.
¿Y que hacer?
Nada, no se puede hacer nada. ¿y el ajeno?
A él le pasa algo similar.
Vete con cuidado hija. El puede ser fuego y tú serías estopa.

Mamá, no te he dicho toda la verdad, ni tampoco te he dicho lo más importante.
Te quiero mamá.

21 enero 2007

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


“La insoportable levedad del ser”, también quiero tener en mi biblioteca este libro cuyo título tanto me pesa, pero que cuando lo leí, convencida de que me iba a doler, no supe encontrar tanta levedad en las almas de los personajes o en sus historias. O tal vez sí, son existencias corrientes, son leves (05-12-06). Tengo que volver a leerlo y sentir que sentían. Recuerdo que nunca lo compré porque él ya lo tenía entre sus libros, y así me deleitaba en sus estantes leyendo y releyendo, a veces absorta, el título del libro. Es cierto, es insoportable lo leve que es nuestra existencia. Siempre me lo ha parecido, desde muy pequeñita, sin saber exactamente desde cuando. La vida duele porque la amas y sabes que te dejará, y al amarla a ella, te amas a ti mismo, y también sabes que te abandonarás algún día. Con lo cual esa vida es insignificante, es una milésima entre miles, una millonésima entre millones. Pasas por aquí sin saber exactamente el sentido de todo. Vas creciendo, conociendo, aprendiendo, desechando, sufriendo, emocionándote, alegrándote y realmente cuando te planteas el porque de la existencia no entiendes para que. Cultivas un alma, la haces crecer, aprender, que se equivoque, que sienta, que razone, que crea, que ría, que llore, que ame. La alimentas todos los días, la cuidas, la mimas, le haces vivir, emocionarse, la abonas, la castigas, la adoras, la abandonas, la consuelas, le enseñas, la torturas, y para que. Un día desaparecerá y no sabes donde se irá. Y el saberlo depende única y exclusivamente de un acto de fe. Nunca he tenido fe, pues de tenerla debiera ser en mi alma amada, y desconozco donde se dirigirá, si desaparecerá, si se sentirá sola y abandonada, o llegará a un paraíso inconcebible. Alguien me escuchó clamar un día y me dijo:
-Sophia, de verdad te planteas ese tipo de cosas? Has pensado alguna vez comentar con alguien estas inquietudes tuyas?-
-No te estoy diciendo que hables con un psicólogo, no sé con algún entendido en la materia tal vez. De verdad vives con ese peso? Planteandote de continuo ese tipo de cosas? ¿De verás piensas en ello?
(...)
-Eres un poema Sophia, asonante, arítmico, a golpes. Los hay que somos poetas, otros pocos sois poemas.
Pensaba que no era tan extraño, que todo el mundo se pasa la vida en la trastienda pensando en ello.

Con mi pequeño remanso nunca puedo hablar de este tipo de inquietudes. El día que se me ocurrió probarlo, me topé con un:
-Quieres dejar de perder el tiempo pensando en esas cosas! Yo no pienso en eso. Estoy aquí y punto. Voy haciendo.

Vas viviendo.

BRIDA ¿el hombre de tu vida?

“Y cierto día [...] descubres en mitad de la calle al hombre de tu vida-“ “-No sabría reconocerlo-“ pensó Brida. “-El percibe lo mismo que tu- continua el Mago -y consigue acercarse a ti. Os enamoráis. Tu continuas tus estudios conmigo [...] Pero llega un determinado momento en que ambas cosas ya no pueden seguir juntas- [...] -¿Dejarías todo lo que aprendiste hasta entonces [...] ,para quedarte con el hombre de tu vida?-“ Tras un largo rato de frustración, ganas de llorar, y pensar porquè esa pregunta tenia que ser tan difícil, Brida respondió: "-Yo abandonaría-”
BRIDA Paulo Cohelo

La verdad es que no sé si he creído alguna vez en lo de “el hombre de mi vida”, puede que ahora esté empezando a creer en ello. De mi vida será quien yo quiera que sea, y quien acepte semejante reto. Y tortura. Aunque no intento torturar a nadie, me deleita más arrancar sonrisas.

Me encanta ver reflejos de una misma en los libros que leo, no te hace sentir tan sola en este solitario mundo.

SI NO DUELE NO ES AMOR

Me quiere
No me quiere
Me quiere
No me quiere
Me quiere
No me quiere
Me quiere
No me quiere
Me quiere...dice que me quiere
A su manera...A su manera...A su manera
¿Cuál es tu manera? La mejor, la más fácil, para saborear sólo instantes de ti, instantes de mi, en los que podemos ser selectivos y mostrar sólo lo mejor de cada uno, lo mejor de los dos.

En el fondo ¿no te resulta abrumadoramente maravilloso?

Te quiero
Te quiero
Te quiero
Te quiero
Te quiero
Te quiero
Te quiero
Te quiero


Te quiero.....digo que te quiero.
A mi manera...A mi manera...A mi manera
¿Cuál es mi manera? La peor, la más difícil, para saborearlo todo, incluso lo ácido, lo amargo, lo ruin, la hiel.


En el fondo ¿no te resulta maravillosamente abrumador?

ALFA y OMEGA

Preguntas, siempre preguntas...
Sí, siempre lo pregunto todo.
Cuando ha sucedido te preguntas, cuando comenzó realmente y según de que se trate, te preguntas constantemente cuando finalizará. Por deseo o por temor de que suceda.
Cuando te encuentras inmersa en una espiral, te preguntas desde cuando entraste en ella sin darte cuenta. Las curvas eran tan enormes en aquel momento que no te percatabas hacía donde se dirigían tus pasos. Hacia el centro de algo que nunca acaba, pero que cada vez se retuerce más.
En algún rincón del tiempo, te preguntas cuando en realidad, tal vez más de lo que ni yo misma imaginaba, abrí a traición una trampilla en la retaguardia de mi corazón, dejando que se colase por ella la persona más especial que nunca haya conocido. Que irónica y cínica resulta a veces esta vida, escoge el momento menos adecuado, menos preciso, el destino baraja las cartas. ¿Para quién? Para ambos ¿Para ambos? No, para mí no. Para mi todos los momentos son buenos, para todo. Nosotros las jugamos. Ha removido mi vida, mi conciencia, mi cuerpo, mis entrañas, mi alma, lo que soy, lo que seré, y lo que ya nunca podré dejar de ser.
La vida a veces se convierte en una emocionante montaña rusa de la que no te ves capaz de apearte, pero en la que a cada viaje que vuelves a experimentar la nausea se hace mayor. Y ¿Por que? Te preguntas.
¿Quien es el especial aquí? Más preguntas. Yo creo que tú, tú crees que yo ¿de verás lo crees?
No quería volver a enamorarme, no lo necesitaba, creía ser feliz. ¿Era realmente feliz? Lo era ¿O tal vez no? ¿O sí? Un quizá, un tal vez, un porqué....un no lo sé. Preguntas.
Este blog nace de lo que me he convertido, en el que todos podemos convertirnos un día. Algo que siempre ha existido, pero que ahora empieza a escapar de sus límites.
¿En que te has convertido?
Te preguntas.
En ese pequeño monstruo voraz y exultante de creatividad, propia, ni mejor, ni peor. Que necesita escribir parte de lo que vive, recortes de lo que imagina y todo lo que sueña.
Dime ahora cuantas otras cosas te estás preguntando.